Hace unos días cumplí 60 años, me había tomado como meta, reflexionar sobre este acontecimiento.
Llegar a los 60 años, es aceptado por la sociedad cómo cruzar la puerta de la vejez. El llegar a esta etapa de la vida, generalmente para algunas personas representa desafíos muy difíciles de enfrentar como enfermedad, soledad, pobreza, es una realidad amarga que no se puede ocultar y que debiésemos tener empatía ante estas situaciones.
Al llegar a la vejez, he llegado a la conciencia que el tiempo que me queda de vida es menor, no sé cuánto tiempo me corresponde, pero tengo la sensación de estar viajando en un tren y la estación que me corresponde bajar estar próxima, muy a pesar de la comodidad del tren y de lo grato que son las personas compañeras de viaje.
En esta reflexión, el pasado se recuerda con alegrías, tristezas, satisfacciones, frustraciones, sueños logrados o malogrados, despedidas de familiares y seres queridos, también nuevas personitas que nacieron o nuevas amistades y anécdotas que todo en conjunto han construido un libro llamado: mi historia, mi vida.
A los 18 años, también llegaron preguntas, dudas, miedos, incertidumbres quizás con la misma intensidad como hoy, cuando el camino hacia la vida adulta, me aterraba, ya que las preguntas sobre qué caminos y rutas debía elegir, eran confusas y difíciles de responder, con mucha juventud si, pero también demasiada ingenuidad.
Hoy en el presente, me asombro como he dado respuestas a muchas de las preguntas anteriores y aunque no fueron las mejores, si suficientes para sobrevivir y hasta tener muchos momentos felices. Pude superar algunos de los miedos y limitaciones que tenía en la juventud, gracias a muchas personas que me rodearon y cobijaron, gracias al estudio secular así como el descubrimiento que existe una porción espiritual en nuestras vidas. El refinamiento como personas es largo y quizás no alcanza la vida para lograrlo.
Hoy el futuro, se presenta como un desafío, en el cual las limitaciones y hábitos destructores, deben de cambiarse de manera rápida, ante la brevedad de la vida que queda, luchar por los sueños y potenciales aun no logrados todavía.
La comprensión del mundo y sociedad hacia nosotros, los viejos, los que vivimos el otoño e invierno de la vida, no será fácil, ni siquiera por nuestros hijos y familiares, porque sus ocupaciones y preocupaciones que hoy tienen -- que en su momento también nos hicieron insensibles a nuestros padres y abuelos-- los asfixian.
Hoy se valora lo novedoso, la moda, la belleza, la juventud y la vitalidad, atributos que en la vejez rara vez se encuentran, sin embargo, tenemos la obligación de luchar para revalorar la vejez como una etapa de transformación de la vida de las personas, donde la fortaleza y destreza física son complementadas y sustituidas por conocimientos y experiencia acumulados a lo largo de los años.
Entonces, como aprendiz de sabio, comparto algo de esa sabiduría:
1. El principio universal de que el paso del tiempo es inevitable, y con ello como dice el refrán: Sabía virtud de aprovechar el tiempo.
2. Tus prioridades principales deben ser Dios y tu familia, al final todo lo demás desaparecerá de tu vida.
3. Si quieres que tu viaje en esta vida sea más cómodo y placentero, debes de cuidar de tu salud espiritual, intelectual y física, deben ser tu preocupación permanente. Acércate a Dios, lee buenos libros, haz ejercicio y procura darle a tu cuerpo alimentos y bebidas saludables.
4. Procura aprender y practicar valores como la honestidad, responsabilidad, generosidad, trabajo, estudio, amabilidad y se de espíritu alegre, regala sonrisas, no pongas cara de enojado a tus seres queridos y amigos.
5. Procura ser virtuoso en algo (algún arte, oficio, deporte, música, jardinería, etc.), la medida del tiempo no es en años, sino en momentos felices acumulados, conocimientos, habilidades adquiridas y la consecución de tus metas personales logradas.
6. Prepárate para la cosecha, ahora que el temporal es bueno o medianamente bueno.
7. Aprovecha y da amor a los padres y abuelos, el viaje con ellos será ya breve.
Finalmente, felicito a las personas mayores que me rodean, su ejemplo de vida, me han ayudado a aprender como disfrutar de esta etapa: Mis tíos, cuñados y amigos.
También agradezco a mi familia, tengo la bendición de una esposa maravillosa, de mis hijos Sonia y Mario, han hecho mi vida sea feliz y siempre muestran amor por sus padres. También mis hermanas son un regalo de vida a las cuales agradezco su amor.
Sigamos el viaje!
La gran Sophia!